Infancias y Adolescencias Multiconectadas. ¿y los adultos?

La realidad de hoy nos plantea desafíos que inevitablemente nos demanda revisar en relación a nuestros hijos/as, pacientes, estudiantes, etc. La tecnología y el uso cotidiano de ella es un tema que nos interesa hace varios años y que nos ocupa y preocupa más desde que la llegada de nuestros hijos, incrementándose en nosotras ese interés en este contexto de pandemia en el que la utilización de las pantallas se intensificó.

Este trabajo tiene como intención compartir algunas reflexiones que venimos haciéndonos a partir de algunas lecturas, en torno a estas temáticas motivadas por la práctica clínica pero también por lo vivenciado desde nuestro rol como madres, tías, docentes.

La infancia hoy no solo es el eje central de una familia, de la educación, sino también el foco de interés del mercado, como principal población de consumo de determinados objetos entre ellos lo tecnológico.

Como plantea Levin (2012) hoy  las infancias poseen otro modo de jugar, imaginar, sufrir, pensar y construir su realidad infantil. Las experiencias y vivencias infantiles se estructuran y desarrollan de un modo diferente del de cualquier otra época, ya que en esta la fascinación y seducción por la imagen ocupan un lugar central.

 

La infancia hoy no solo es el eje central de una familia, de la educación, sino también el foco de interés del mercado, como principal población de consumo de determinados objetos entre ellos lo tecnológico.

 

Estos cambios generaron que los malestares y los síntomas en estos sujetos se manifiesten con gran intensidad y frecuencia, emergiendo trastornos en la alimentación, el aprendizaje, la actividad escolar, el desarrollo psicomotor, el sueño, la estructuración subjetiva, signos de depresión, agresión, insomnio, tedio, ansiedad, adicciones, estrés, violencia, abulia, sobreexcitaciones, fatiga, inhibiciones, apatía.  Además el uso excesivo de pantalla llega a afectar el sentido de la vista, emergiendo miopías y problemas en la vista a temprana edad. El lenguaje es otro  los aspectos del desarrollo que se ve deteriorado ante esta exposición de niños/as a la tecnología, siendo esto sumamente preocupante al ser esta capacidad humana básica como cimiento para todas las demás adquisiciones y el desarrollo cognitivo del sujeto. En este punto tomamos los aportes de Ignacia González Rena y Silvana Fridman (2020) quienes plantean que actualmente se observa como se van perdiendo, con tanta tecnología a disposición, las oportunidades de percibir adultos hablando. Cada vez hay más niños/as con dificultades en el habla relacionadas  con la ausencia de adultos a imitar y con el permanente uso de máquinas desde muy pequeños.

 

Otro aspecto relevante a mencionar son las limitaciones a nivel psicomotriz que se evidencian, ya que “el juego” a través de las pantallas es sedentario, no demanda el necesario movimiento e inquietud propio de la infancia, quedando los/as niños/as y adolescentes presos de la imagen. En esta realidad artificial, los niños creen que son ellos quienes dominan y manejan libremente las imágenes, cuando lo cierto es que son dominados por ellas, en una experiencia individual y solitaria (Levin, 2012). 

 

En tal sentido, también se observa en algunos/as adolescentes una tendencia a “preferir” “socializar” de manera virtual, prescindir del contacto real y sentirse cómodos de esa manera. El contexto de pandemia generó distanciamiento del mundo real, contactos e interacciones en la vida cotidiana lo cual trajo aparejado que muchos/as adolescentes se adapten a ello y encuentren cierta comodidad en esta nueva realidad. Se evidencian dificultades en el contacto visual, en la posibilidad de entablar diálogos, de tomar la iniciativa en una conversación, de compartir intereses, gustos etc., en interacciones cara a cara entre algunos adolescentes más afectados por esta situación actual. La posibilidad del  contacto real comienza a generar ansiedad, hay una seudo realidad en lo virtual en dónde las inhibiciones no existen y se evidencia al momento de deber afrontar la interacción real. Es inevitable preguntarnos que pasara si esto sigue extendiéndose en el tiempo, ¿qué pasará cuando debamos volver a lo que era habitual?

Se observa en la clínica, de manera muy clara como los niños/as y adolescentes,  al quedar identificados con la imagen del video juego principalmente, trivializan el sufrimiento, la violencia, el peligro, el horror, el dolor, la muerte, la sexualidad, el pudor, el amor (Levin, 2012).

 

Esto es algo que ocurre y deja sus efectos desde la primera infancia, ya en las salas de jardín de infantes se evidencia, de manera preocupante, el
empobrecimiento del lenguaje, del juego, del movimiento y del dibujo de los niños en los últimos años (González Rena, I y Fridman, S, 2020)

Si hacemos un recorrido por el impacto del uso de las tecnologías en la infancia desde nuestro sistema nervioso se evidencia que las conexiones interneuronales y el desarrollo del sistema nervioso se debilitan, encontrándose el sujeto en un estado de pasividad, frente a la pobreza de las propuestas de las pantallas. De este modo se favorece el uso preponderante del pensamiento convergente en una única respuesta posible. La vista frente a la pantalla rigidiza los músculos oculares y esta tensión se transmiten al resto del cuerpo.

La pobreza de las vivencias y experiencias, así como del movimiento empobrece consecuentemente como dijimos la motricidad lo cual se ve reflejado luego en las producciones graficas de los niños/as.  Este sedentarismo genera tendencia a la obesidad, sumado a la ansiedad. El exceso de cortisol que genera la exposición a las pantallas provoca un estado de estrés en el sistema nervioso que luego impide la conciliación  y el sostenimiento del sueño, por lo que se manifiestan trastornos del sueño. Suelen quedar múltiples imágenes que el niño no termina de procesar y digerir. (Plebst, 2014)

Todo esto deja efectos en la salud mental, debilita la autoconciencia, la autoestima y la autoconfianza, así como debilitación del desarrollo de las habilidades sociales.

Tal como plantea Plebst (2014) y Dunckley, V (2018)  el uso de la tecnología genera adicción, promoviendo la satisfacción inmediata y en los momentos de no pantalla los niños suelen estar irritables, con poca tolerancia a la frustración, a los tiempos de espera a los procesos que impliquen tiempo. Las pantallas y en especial los “jueguitos” producen la estimulación continua de centros de gratificación inmediata en el cerebro, justamente lo contrario de lo que es adecuado para el crecimiento. Se advierte afección de la atención y dificultad del niño/a para poder interesarse en otros juegos.

La pregunta del título ¿y los adultos? surge a partir de registrar en la vida cotidiana la ausencia de mirada, de tiempo compartido, de atención singular, de presencia plena del adulto para con el niño/a o adolescente. Basta con ir a una plaza y observar para poder encontrarnos con esta situación, basta con tomar alguna reunión familiar como ejemplo. Se evidencia la dualidad entre estar presentes físicamente pero ausentes de presencia en el mundo real por estar “conectados” a las redes, a lo que ocurre en el mundo virtual. Comparto esto desde un lugar constructivo, de necesaria revisión de nuestros comportamientos. Este nuevo contexto de pandemia nos desafía a reflexionar y al menos cuestionarnos sin naturalizar la nueva normalidad.

Tomando los aportes de Plebst (2014) si realmente queremos y nos interesa saber que es lo mejor para el desarrollo del cerebro, la salud mental y la inteligencia de un infante, la respuesta viene del más ingenuo sentido común: otro ser humano.

Es indispensable generar nuevos encuentros menos determinados por lo tecnológico, menos formateado y más espontaneo, siguiendo los tiempos, los intereses y la esencia de nuestros pequeños, permitiéndonos “poner pausa”, frenar, cambiar de foco y posibilitándonos mirarnos e interactuar distanciados de lo virtual.

Encontramos en la clínica niños/as que manifiestan como malestar conductas de los adultos de imposición relacionada a lo virtual. Estos sujetos se resisten a las fotos, sanamente ponen un límite al exceso de imagen, manifiestan su deseo de no querer ser expuestos, no querer ser vistos por otros/as ni que se muestre algo que no quiere compartir. Esto nos debe alertar, ya que evidencia cómo lo que pasó a ser habitual, como es el registro de muchos momentos de la vida, para un niño/a puede resultar invasivo y violento.

Los/as niños/as y adolescentes tienen esa increíble capacidad de generarnos cuestionamientos, de llevarnos a repensar aspectos centrales de nuestros ser y nuestro hacer, desde el lugar que ocupemos en ese vínculo (profesores, docentes, padres, tíos, abuelos, etc.)

Entonces, ¿Que podemos hacer los adultos? No podemos ir en contra de lo que nos trasciende y nos excede pero si podemos y debemos, porque tenemos una responsabilidad, intentar ofrecer alternativas, otros recursos, juegos, juguetes, espacios, momentos de disfrute no mediados por pantallas.  Para ello podemos recuperar nuestras propias experiencias de juego de nuestras propias infancias, historizando, compartiendo con ellos nuestras vivencias, lo que nos interesaba, a qué jugábamos, como lo hacíamos, con qué elementos. Ofrecer juguetes o elementos que promuevan la creatividad, que les permitan poner en juego la imaginación y la posibilidad de construir con ellos.  Recuperemos juegos tradicionales, juegos que nos enseñaron nuestros abuelos/as, recreemos las actividades y rituales que realizábamos antes y que hoy se perdieron. Cada familia, desde su lugar puede armar dinámicas diversas, recatando sus propias experiencias, en donde se motiven todos/as, y sigamos aprendiendo juntos, usando el cuerpo, el movimiento, la música, la exploración y la creatividad como aliados. Esto nos permitirá acercarnos quizá a ese niño/a que fuimos, reparando de algún modo nuestras vivencias, compartiéndolas con las actuales infancias y desplegando un tiempo y espacio diferente como alternativa al uso de las pantallas. 

 

Para generar estos momentos, considerando que somos una sociedad adultocéntrica, sugerimos no intervenir en el juego del niño/a, compartir las experiencias pero luego posibilidad el despliegue lúdico del niño/as y/o adolescente.  La propuesta es ofrecer libertad para recrear eso que le compartimos como experiencia vivida por nosotros, pero sin inferir ni “formatear” ese jugar tal como lo hacen ya los juegos” interactivos” que generan todas las consecuencias antes mencionadas. María Montessori (2006) plantea que el jugar es parte de la  esencia natural del niño/a y cualquier intervención innecesaria es un obstáculo para el aprendizaje, por lo que convocamos a las familias a un desafío diferente en el compartimos la posibilidad de acompañar a la infancia en este contexto tan complejo de un modo respetuoso y armónico. Por ultimo tomando los aportes de esta autora debemos tener presente lo que ella denomina la “mente absorbente del niño” que aprehende todo lo que le presenta el ambiente; por lo tanto debemos revisarnos y observar si nuestros contextos en sí mismos y nuestro accionar no son ya determinantes de esta dependencia que tienen nuestras infancias y adolescencias a las pantallas, ¿o acaso no somos los adultos quienes también quedamos atrapados en las redes?… invitamos a pensarnos en el centro de la escena si queremos generar cambios y compensar de algún modo el impacto de la multiconexión a la tecnología. 

 

Bibliografía

Lic. Natalia Morales

Lic. en Psicología (MP 6051) y Sociopedagoga con Orientación en Niñez y Adolescencia en Riesgo.

Especialista en Terapia Familiar Sistémica. Acompañante terapéutico. Diplomada en Trastornos del Espectro Autista. Formaciones de posgrado en Salud Mental en Neurorehabilitación, Primera Infancia, Violencia de Género. Instructora Internacional en Baby Signing. Evaluadora especializada y certificada de ADOS-2 y ADIR. Culminando Tesis de Maestría en Salud Mental UNC. Coordinadora y Directora de grupos desde el psicodrama. Formación en Pedagogía Montessori.

María Virginia Pellegrino

Magíster internacional en Salud mental

Clínica de la infancia y la adolescencia. Contextos escolares y sociales. Licenciada en Psicología (MP. 7438). Coordinadora de equipo terapéutico en KUNE. Equipo interdisciplinario de apoyo a la integración. Cofundadora y capacitadora en EnLaces cursos( aula virtual de formación continua). Acompañante terapéutico. Especialista en Trastornos del espectro autista y trastornos del neurodesarrollo. Especialista En Psicoterapia Cognitiva del modelo Integrativo. Especialista en Estimulación Temprana. Evaluadora especializada y certificada de ADOS-2 y demás baterías con baremos argentinos e internacionales. Terapista modelo LSP.